martes, 14 de febrero de 2017

LOS VALORES

VIGENCIA Y PROVECHO DE LLEVAR UNA VIDA CON VALORES

Según el Diccionario de La Lengua Española, valor “es la cualidad o conjunto de cualidades de una persona o cosa, en cuya virtud es apreciada”. Pero en la concepción cristiana: “Valores son destellos de un mismo esplendor, el de la verdad, que hace libre a los hombres y se hace justicia, libertad, fidelidad u honradez”. Y para ser más directo valor es la traducción cristiana del latín (vis).
Una vida sin valores, es una vida vacía, sin orden, sin respeto por sí mismo ni de Dios; sin un sentido; sin autocontrol; una vida llevada sólo por las apetencias y deseos personales, instintivos, irreflexivos.
En cambio, el ser humano que lleva a la práctica constante los valores de la autenticidad, responsabilidad, bondad, paz, solidaridad, agradecimiento, fidelidad, etc. puede percibir en su propia existencia un estado de felicidad y de bienestar. El hombre que actúa movido por valores es un hombre confiable, de orden, responsable de sus actos; comprende a su prójimo, no es voluble, sabe lo que quiere y lucha por el ideal de una vida mejor. Este, pues, es un hombre centrado, profundo, que no se deja alienar por la propaganda consumista o por las modas de otras realidades.
Los valores tienen una característica importantísima y es que no se imponen sino que atraen por sí mismos. Así, por ejemplo, el valor de la responsabilidad nos indica que uno debe ser responsable cuando tiene conciencia de su vida, la misma que debe conducirse de una manera ordenada y sobria, con sensatez y cordura. Esta es realizada no para agradar a los demás sino por la convicción de que la responsabilidad es una meta en el hombre de bien.
El hombre que tiene valores logra conseguir la paz interior y experimenta el gozo y la dicha de tener una razón por la cual existir. Realiza, asimismo, su propósito en la vida o lucha por ello. Todo esto, da al hombre la fortaleza espiritual necesaria para alcanzar sus metas y concretar sus proyectos personales.
A continuación, para una mejor ilustración, estudiaremos algunos de los valores más importantes en la vida del ser humano.




La paz

Proviene del término latino pax”, el mismo que da origen a términos como “pacificar”, “pacifismo”, “apaciguar”.
La puede ser de dos tipos: interior o exterior. La primera, es el resultado de llevar una vida con valores, orden, sobriedad, corrección, serenidad. No puede haber paz interior si la persona movida por sus instintos puramente carnales. El hombre que tiene paz interior resuelve los problemas diarios de la vida con mayor ecuanimidad, mesura, ponderación racionalidad y espiritualidad, y afronta de la mejor manera su existencia.
El doctor Gustavo Villapalos, respecto a la paz exterior, sostiene que “donde hay ausencia de conflictos, se crean ámbitos de concordia, de tramas de vínculos, de relaciones cálidas, que crean un clima de confianza, en el que es posible fundar toda suerte de encuentros y  desarrollar así la propia personalidad”. Los pueblos que viven en paz exterior se desarrollan mejor y crecen material y espiritualmente.
En América Latina, Costa Rica no tiene ejércitos y destina una cantidad considerable de recursos económicos del presupuesto al sector educación, promoviendo el respeto a los valores y a la dignidad del hombre. En la sociedad costarricense, la vida no será perfecta, pero es más llevadera, por cuanto existe un clima de paz, que hace que el hombre pueda desarrollar y liberar sus potencialidades en los distintos campos de la ciencia.

La solidaridad

Es otro valor importante a tomar en cuenta. La palabra “solidaridad” procede de la voz latina “solidus”¸ que designaba una moneda de oro sólido, consolidada, no variable. De esta palabra se derivan los términos de “soldada”, “soldado”, “soldar”, “solidez”; y, a mediados del siglo XIX, aparece la palabra “solidario” y “solidaridad”. Así, cuando en una sociedad hay unión e integración, es decir, hay una estructura sólida, dinámica, como resultado de la vinculación solidaria de sus integrantes, los pueblos se desarrollan más, existiendo una mayor conciencia cívica que genera un clima más vivible, en el que el hombre puede desarrollar sus dones y talentos.
La palabra solidaridad implica generosidad, desprendimiento, espíritu de cooperación y participación. En la práctica, el valor de la solidaridad ayuda a desarrollar al ser humano y a la sociedad que la práctica   permanentemente. De esta manera, una sociedad integrada y solidaria, coopera ayudando a los miembros desprotegidos de esta, a conseguir su bienestar y desarrollo. Ello  genera un clima propicio para el desarrollo de toda la sociedad.
 En la historia de la humanidad podemos apreciar que países como EE.UU., Alemania, Japón, Suecia y China, entre otros, han alcanzado un elevado desarrollo, teniendo como pilar y base la solidaridad entre la gente de sus propios pueblos.

La responsabilidad

Esta palabra procede de la voz latina “respondere” (responder). Está vinculada, en su raíz, con los términos “corresponder”, “correspondencia”, “corresponsable”. De allí se desprende que ser responsable es responder a la llamada de los valores que piden ser realizados. El hombre es libre cuando puede gobernarse a sí mismo y domina sus instintos y bajas pasiones. Solo a través de la responsabilidad es que se puede conseguir ese gobierno.
Para el doctor Gustavo Villapalos ya antes aludido, “el ser responsable es tomar las riendas de nuestra vida y responder de la marcha de la misma, de su sentido o de su sinsentido, de sus logros o de sus fallos”.
Así, un hombre responsable puede sacar adelante a su familia trabajando para su sustento, educando a sus hijos, comprendiéndolos y entendiéndolos, tanto a ellos como a su esposa, y estando dispuesto, responsablemente, a sacar la cara por ellos.
En realidad, la responsabilidad tiene su base en el respeto de los valores. Así, por ejemplo, si yo me porto bien porque mi padre me lo dice sólo soy obediente; pero cuando pienso y tomo conciencia, en mí ser, de que actuar y portarme bien es lo correcto, en ese momento soy responsable. Ser responsable no consiste sólo en cumplir los deberes sino en adoptar una disposición de pensamiento positivo constante, responder al llamado de los valores en cualquier momento de nuestras vidas.

La autenticidad

La palabra autenticidad, procede de la voz griega “auténticos” (el que tiene autoridad): Esta deriva de la palabra authentes”, que significa ‘dueño absoluto’. Es así como los doctores Gustavo Villapalos y Alfonso López Quintas, nos señalan “que el hombre auténtico tiene las riendas de su ser, posee iniciativa y no nos falla, sino que es coherente y nos enriquece con su modo de ser estable y sincero”. Por ello, quien logra un equilibrio interno puede convertirse en un hombre productivo, poseyendo el autodominio y el autocontrol que necesita para gobernarse.
Un hombre auténtico, asimismo, tiene autoridad sobre su ser; es confiable, cuerdo, estable, racional, predecible en su buen comportamiento. Un hombre así, tiene paz en su interior y está capacitado para desarrollarse como persona, hace lo correcto, no es falso ni influenciable, no tiene doblez en su comportamiento, tiene identidad, es una persona que asume sus compromisos, es integro, leal, no juega sucio, es transparente, vive abierto generosamente a los demás, es un hombre que sabe lo quiere, no tiene miedo de ir hasta el final en la búsqueda de su razón de existir. Fiel a sí mismo y a Dios, se puede confiar en él.
Existe consenso en la humanidad para señalar a Jesucristo como el hombre más auténtico que ha existido sobre la tierra. Él vino al mundo para ser cordero de Dios y hacerse cargo de los pecados de la humanidad. Él, con su vida, sirve de camino a los demás seres para llegar al Padre. Jesucristo predicaba por medio de parábolas, de tal forma, que todos le entendieran. Su vida era ejemplar, tenía total dominio de sí mismo y dejó enseñanzas que han sido recopiladas en la Biblia. Estas sirven de luz y ejemplo de comportamiento para el hombre, de tal manera que este pueda alcanzar la salvación de su alma y, por ende, la vida eterna.
Además, hay algo importante de resaltar en la vida de Jesucristo: la promesa de la segunda venida, tal como consta en Juan, 14, 3.

Agradecimiento

El término “agradecimiento” proviene de la voz latina “gratus”, que significa ‘agradable’, ‘agradecido’; y de la palabra “gratum”, ‘agradecimiento’, la cual está unida en su raíz a “agradar”, “gratitud”, “gratuito”. Es en razón de esta etimología que Gustavo Villapalos nos dice: “Gratificamos a alguien por un servicio prestado para mostrar que nos agrada y estamos a la recíproca en la voluntad de ayuda”.
Para que exista agradecimiento debe haber una relación entre dos personas. En ella, una proporciona a la otra algo, de forma libre y desinteresada. Por su parte, la persona que recibe se encuentra agradecida, no por las cosas recibidas sino por la actitud positiva que ha motivado el acto en la otra persona.
Por ello, en la vida, debemos ser agradecidos a Dios por habernos dado la vida y gozar de salud. Asimismo, debemos agradecer a nuestros padres por habernos cuidado cuando éramos totalmente indefensos y luego habernos soportado durante nuestra crianza. Sin embargo, nuestros padres estuvieron allí, al lado nuestro, esperando con fe que nosotros emprendamos el buen camino.
Pero hay otra forma de agradecimiento más sublime y profunda: la gratitud para con Dios. Cuando una persona ha logrado salir de una cárcel espiritual que le hacía daño —como una adicción o una conducta autodestructiva— debe dar gracias a Dios, dando testimonio de vida, para que otros hombres que atraviesan el mismo problema puedan entender la palabra de Dios, de manera clara y directa.
De esta manera, “sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma y cubrirá multitud de pecados”. (Santiago 5, 20).

La fidelidad

Esta palabra procede de la voz latina “fides”, que significa ‘fe’. Está emparentada con la palabra “fidere”, ‘fiar’, de la que se deriva “confiar”, “confianza”, “confidente”. Así, pues, se es fiel a alguien a quien se  le ha prometido algo en virtud de la fe que se tiene en él por ser confiable.
El mantenerse fiel a algo o alguien constituye también el valor de la lealtad. El doctor Gustavo Villapalos manifiesta a este respecto: “El hombre leal es un hombre de ley, un ser que asume el deber de lo prometido y mantiene los ámbitos de juego que ha creado libremente”.
La fidelidad a Dios es vital en la vida del hombre y, por ello, según Mateo, Dios “recompensará a cada persona según lo que haya hecho”.
El crecimiento espiritual de fidelidad a Dios lleva a una lucha interna entre los deseos de la carne, sus pasiones y, de otro lado, los valores que posee el espíritu. De este modo, uno debe ser perseverante en su camino espiritual, manteniendo la oración y la fe: “Entrad por la puerta estrecha porque ancho y espacioso es el camino que lleva a la perdición y muchos son los que entran en ella. Porque estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida y pocos son los que la hayan”. (Mateo 7, 13 y 14)


La bondad

La palabra “bondad” viene de la palabra latina “bonitas”, que significa ‘bueno’. Se entiende pues que este valor es una inclinación a hacer el bien y que lleva a tener cierta apacibilidad de carácter y buen temple.
En palabras del doctor Villapalos “la bondad es una actitud de amabilidad, afabilidad, dadivosidad, comprensión y compasión”.
Por tanto, la persona que es bondadosa, hace el bien de manera tranquila y serena; crea a su alrededor paz y confianza; asimismo, tiende a darse con facilidad y espontaneidad, desinteresadamente; padece junto con las otras personas sus problemas y busca comprender la conducta de las demás, sin llegar a justificarlas. Por naturaleza es servicial y ayuda a su prójimo, llevando una vida llena de mucha paz interior, alegría y gozo espiritual.
En los últimos tiempos podemos apreciar a una serie de hombres públicos que han cambiado su vida, su manera de actuar, de pensar y han decidido apoyar cruzadas de bien, expresando públicamente su conversión al cristianismo. Entre ellos, apreciamos al famoso cantante Juan Luis Guerra, quien en una entrevista menciona : “ahora soy más feliz que antes y he hallado la paz que anteriormente no tenía”.
También, podemos mencionar otros valores que son igual de importantes como la justicia, la belleza, la amistad, etc.

El actuar del ser humano, acompañado de los valores, da sentido a su vida, permitiéndole conseguir la paz y el bienestar que ansia.